domingo, 5 de septiembre de 2010

Hazlo eterno.

-Te veo muy triste, Arthur, pero no deberías estarlo. No estamos despidiéndonos. No paras de decirme que no piense en el mañana,así que aprovechemos este momento que aún nos pertenece.
-No lo consigo. Ya no sé vivir el momento sin pensar en el que seguirá. ¿Cómo lo consigues tú?
-Pienso sólo en los minutos recientes; son eternos.
Lauren decidió contarle una historia, un juego para distraerlo. Le pidió que se imaginara que había ganado un concurso suyo premio sería el siguiente: todas las mañanas, un banco le abriría una cuenta con 86.400 dólares. Pero como todo juego tiene sus reglas, éste tenía dos.
-La primera regla es que todo lo que no has gastado en el día, se te retira por la noche. No puedes hacer trampas, no puedes traspasar ese dinero a otra cuenta, tan sólo puedes gastarlo. Pero a la mañana siguiente, al despertar, el banco te abre otra cuenta con 86.400 dólares para ese día.
>>La segunda regla es que el banco puede interrumpir este juego sin previo aviso. En cualquier momento puede decirte que ha acabado, que cancela la cuenta y ya no te abre ninguna más. ¿Que harías?
Arthur no acaba de entenderlo.
-Pero si es muy sencillo, hombre, es un juego. Todas las mañanas, al despertar, te dan 86.400 dólares con la única condición de que los gastes durante ese día. Pues el saldo no utilizado se retirará cuando vayas a dormir. Pero ese don del cielo puede acabar en cualquier momento, ¿comprendes? Y la pregunta es : ¿qué harías si te encontraras en esa situación?
Arthur respondió espontáneamente que se lo gastaría todo en lo que le apeteciera y en hacer multitud de regalos a las personas que quería. Emplearía hasta el último céntimo que le diera ese ''banco mágico'' en llevar la felicidad a su vida y a la de los que lo rodeaban.
-Incluso a la gente que no conozco, porque no creo que pudiera gastar en mí y en mis allegados 86.400 dólares al día. Pero, ¿a dónde quieres ir a parar?
-Ese banco mágico lo poseemos todos -contestó ella-. Es el tiempo. El cuerno de la abundancia de los segundos que pasan.
>>Todas las mañanas, al despertar se nos abonan 86.400 segundos de vida en nuestra cuenta para ese día, y cuando nos dormios esa noche no hay suma y sigue; lo que no se ha vivido en el día se ha perdido, ayer acaba de pasar. Todas las mañanas se repite ese prodigio, se nos abonan 86.400 segundos de vida, pero jugamos con esa regla inevitable: el banco puede cancelarnos la cuenta en cualquier momento sin previo aviso; en cualquier momento, la vida puede acabar. ¿qué hacemos, pues, con nuestros 86.400 segundos diarios? ¿No son más importantes unos segundos de vida que unos dólares?
Desde el accidente, comprobaba a diario que muy pocas personas se percataban de lo que se cuenta y aprecia el tiempo. Le expuso entonces las conclusiones de su historia:
-¿Quieres entender qué es un año de vida? Pregúntaselo a un estudiante que acaba de suspender el examen de fin de curso. ¿Un mes de vida? Pregúntaselo a una mujer que acaba de traer al mundo un niño prematuro y espera que salga de la incubadora para estrecharlo entre sus brazos, sano y salvo. ¿Una semana? Que te lo cuente un hombre que trabaja en una fábrica o en una mina para mantener a su familia. ¿Un día? Háblale del asunto a dos que están locamente enamorados uno del otro y esperan el momento de volver a estar juntos. ¿Una hora? Pregúntale a una persona claustrofóbica encerrada en un ascensor averiado. ¿Un segundo? Mira la expresión de un hombre que acaba de salvarse de un accidente de coche. ¿Y una milésima de segundo? Pregúntale al atleta que acaba de ganar la medalla de plata en los Juegos Olímpicos, en vez de la medalla de oro para la que lleva toda su vida entrenándose. La vida es mágica, Arthur, y hablo con conocimiento de causa, porque desde que sufrí el accidente saboreo el premio que es cada instante. Así que, por favor, aprovechemos todos estos segundos que nos quedan.
Arthur la tomó entre sus brazos y le susurró al oído:
-Cada segundo contigo cuenta más que cualquier otro segundo.

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