lunes, 28 de marzo de 2011

Perdona si te llamo amor



A veces el pasado hace que las almohadas resulten incómodas. Pero, ¿qué es el amor? ¿Existe alguna manera, regla, receta? ¿O es todo casual y solo te queda esperar a ver si tienes suerte? Preguntas difíciles mientras el reloj con forma de tabla de sur señala la medianoche. Raro aquel día. No, hermoso. Él con una flor. Una sola, dice, porque al menos es especial, única, no perdida en un ramo, confundida con otras. Un beso. Uno solo no. Otro. Y otro más. Manos que se entrelazan, ojos que se buscan.
Desearías que no acabase, que fuese el inicio de todo. Y comprender que tal vez amar es otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. Y se lo dices. Y eres consciente de que hay respuestas que quizá deben cambiarse. Es preciso partir para volver a encontrar el camino.
Porque cuando alguien a quien quieres se te va, intentas detenerlo con las manos, y esperas poder atrapar así su corazón. Pero no es así. El corazón tiene piernas que no ves. Y se va diciendo "Me las pagarás". Pero el amor no es una deuda que saldar, no regala créditos, no acepta descuentos.
Después silencio. Ese silencio pleno. Profundo. El silencio de los besos. Ese que habla de sueños y fábulas, de tesoros escondidos, los más bellos.
Y no han sido el primer amor el uno del otro. Se conocieron después de haber amado a otras personas. Y quizá no de este modo. Puede que sea preciso viajar antes de saber cual es la meta adecuada para nosotros. Quizá cada vez que amas sea la primera.

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