miércoles, 28 de diciembre de 2011

Sublevación del silencio

El silencio se mueve y se ha movido desde siempre. Ya se movía mucho antes de que existiéramos y seguirá moviéndose cuando hayamos muerto. Porque el silencio es inmortal.
Pero no sólo se mueve y no sólo es inmortal. 
El silencio también respira, aunque carece de pulmones. Y camina, aunque carece de piernas. Y tiene corazón, aunque carece de corazón. Y, así, al albergar un corazón sin albergar un corazón en su cuerpo sin cuerpo, está capacitado para sufrir, aunque no siempre lo haga calladamente, como podríamos pensar que lo hace el silencio. 
En ocasiones podemos escuchar como solloza por la pena o la soledad, como se desgarra por el dolor. Y llora. Y casi nunca ríe. Y en muy pocas ocasiones, las más inquietantes, calla por completo, enmudece. El silencio del silencio en silencio.
Y es entonces, en esa nada solidificada en abismo ingrávido, cuando escuchas donde nadie más lo hace, reconoces imágenes en la ausencia de sonidos y descifras sus palabras; porque, además, el silencio también habla. Porque no son necesarias las cuerdas vocales, ni siquiera los gestos, para comunicarse. 
Basta con expresar la intensidad emocional que se siente de la forma en la que uno mismo la percibe.