jueves, 20 de septiembre de 2012

Somos las cuerdas desafinadas de una guitarra que no volverá a sonar igual

Y poner la música en modo aleatorio a sabiendas de que sólo tengo una canción que tú descargaste. Y pasar de cantarla a dejarse llevar por los vaivenes de la base. 
Pam. Pam Pam. 
Y desear que volvamos a encontrar nuestro ritmo. 
Pim. Pam. Pum. 
Pero vamos descoordinados. Sin compás. 
Pum. Pum. Pum. 
Olvidamos los instrumentos principales, las notas musicales y la melodía. Quedó sorda nuestra partitura. Tú no me escuchabas y yo no te entendía.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Lo extraordinario se volvió costumbre

Nuestra montaña rusa se convirtió en una caída libre en la que parecía que nunca llegaríamos a tocar fondo y después en una noria en la que nos hemos acostumbrado tanto a la velocidad del descenso que somos capaces de divertirnos en ella. El problema es que ambos sabíamos que en algún momento la atracción fallaría y que teníamos los día contados. Aún así, no puedo ni quiero bajarme. Me he acostumbrado a los mareos y al hormigueo en el estómago de saber que estoy demasiado arriba y que en cualquier momento voy a caer. Me he acostumbrado a las contradicciones, a los cambios de sentido y de dirección. Me he acostumbrado a que se pare cuando estamos en lo alto del todo para que podamos sentir el cielo un poco más cerca y a que vuelva a bajar otra vez. Me he acostumbrado a ti.