domingo, 9 de septiembre de 2012

Lo extraordinario se volvió costumbre

Nuestra montaña rusa se convirtió en una caída libre en la que parecía que nunca llegaríamos a tocar fondo y después en una noria en la que nos hemos acostumbrado tanto a la velocidad del descenso que somos capaces de divertirnos en ella. El problema es que ambos sabíamos que en algún momento la atracción fallaría y que teníamos los día contados. Aún así, no puedo ni quiero bajarme. Me he acostumbrado a los mareos y al hormigueo en el estómago de saber que estoy demasiado arriba y que en cualquier momento voy a caer. Me he acostumbrado a las contradicciones, a los cambios de sentido y de dirección. Me he acostumbrado a que se pare cuando estamos en lo alto del todo para que podamos sentir el cielo un poco más cerca y a que vuelva a bajar otra vez. Me he acostumbrado a ti.

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