sábado, 30 de noviembre de 2013

Te lo prometo



- Pensaba echar una partida al billar.
- Lástima.
La mira y se ríe. Ella no sabe si es por lo ridícula que parece intentando aparentar seguridad cuando está rota por dentro. Siguen caminando a lo largo de un puente y se sientan en un pequeño murito. Ella no quería hablarlo en cualquier banco de cualquier plaza. Ese día había demasiada gente en las calles y necesitaba estar con él a solas para desahogarse.
- No tienes excusa porque por muy enfadado que estés con alguien no dejas de quererlo.
Él aparta la mirada y la dirige hacia las vistas de la ciudad que tienen a sus espaldas. El día resulta tan frío que parece hecho a medida para la ocasión. Ella se levanta y camina un par de pasos aferrada al colgante que él le regaló. Se plantea salir corriendo y no volver a verlo, pero se detiene.
- No sé a qué esperas.
- A que vengas conmigo para poder ganarte al billar.
Él permanece ahí sentado y ella empieza a temer que se lo haya pensado mejor, que ya no quiera echar esa partida al billar, que no vaya a luchar por estar juntos; pero él se levanta también y el miedo se borra de sus ojos. En el fondo sabe que él la quiere.
- Por favor, -la abraza- déjame demostrarte que te quiero, que puedo cuidarte y que puedo hacerte feliz.
- ¿Y si cuando yo quiera tú ya no quieres?
- No va a pasar.
Coge su carita entre sus manos y la mira intentando con sus ojos que ella entienda que lo siente. Le da un beso en la frente a pesar de las ganas que tiene de besarla en los labios y ella a él, aunque su orgullo no la deje reconocerlo.
- No va a pasar. Te lo prometo.